viernes, 29 de junio de 2018

Ordesa de Manuel Vilas

ORDESA. Alfaguara, 2018. 
Manuel Vilas (Barbastro, 1962-aunque parezca mentira sigue vivo) 

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Empieza Manuel este libro con la siguiente frase: “Ojalá que pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas.” 

Bien. Ordesa: 42º 40´ 18´´ N. 0º 03´ 20´´ E. Parque Natural: 16/08/1918. 15.608 has. de extensión, 6 municipios. Altura: 700 msnm. (Río Bellós) 3.355 msnm (Monte Perdido). Flora: 1.400 especies. Fauna: mamíferos 38 especies, aves 120, anfíbios 5, 8 de reptiles y 5 de peces. Visitas: 600.000 al año. 

Todo tan exacto como el catálogo de un dolor humano, o no. 

La Ordesa de Manuel es un lugar que necesita de dos lecturas. La primera de pasada, para llegar a la segunda, de ¡a ver si te enteras!, para no perderte. 

La Ordesa que nos entrega este hombre no está hecha de números, que siempre vacilan, sino de palabras: “aburridas, lentas, dañinas… las vanidades pactadas para que el mundo pueda existir”. 

Es el camino que se bifurca en olvido y recuerdo, y recorre la memoria del hijo a los padres (la que queda de ellos en ti) y el del padre a los hijos (la que dejará en ellos la tuya). Es un libro hecho con miedo a llegar, con miedo al propio libro –confesión del autor- y con miedo a la verdad. Miedo al material con el que está contado, miedo a la memoria. No existe en él la seducción del personaje inventado. Es el propio autor ese personaje. 

Concluyo. Ordesa es un poema épico –¡hay que leer a Homero, coñe!-. Lo conforman vida, memoria y muerte, tres pasos nunca seguros, que se hacen lírica a la conclusión del libro. Otra extrañeza más en este libro tan extraño como entrañable. 

Ordesa es el valle del Monte Perdido. Hay que tener valor para adentrarse, pero el intento vale la pena -las cifras las tienes arriba-, igual lo encuentras. 


Miguel Ángel Hernández García (Hijo del señor Miguel y la señora Rosario)

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